Disciplina con amor

Disciplina con amor es una frase que durante los últimos años se ha escuchado cada vez más, y es el título de un valioso libro escrito por la educadora Rosa Barocio. En opinión de la maestra Barocio muchos de los padres de la nueva generación han caído en la extrema permisividad como respuesta al excesivo autoritarismo de las generaciones anteriores. Así, los nuevos padres dicen “yo no voy a ser como mis papás”. Lamentablemente, eliminando las severas reprimendas sin incorporar los nuevos recursos de la psicología para fomentar la disciplina y la obediencia (tan necesarias para la seguridad del niño y para facilitarle la convivencia con las personas) los padres se han quedado “desarmados”.

Ser un padre moderno requiere mucho más que no nalguear y no gritar. Los padres modernos que quieren hijos más disciplinados y obedientes (lo cual no quiere decir sumisos e inseguros) requieren conocimientos psicológicos que les permita adaptar su conducta al momento del niño y las circunstancias.

 Los padres modernos deben de ser particularmente curiosos, para poder ver en la mala conducta una maravillosa oportunidad de que el niño aprenda algo para la vida. Quizá la mejor herencia que podemos dejarle a un hijo no es una carrera (lo cual es importantísimo) sino las herramientas emocionales y sociales para poder ser feliz consigo mismo, hacer felices a los miembros de su familia y aportar a la sociedad.

Los padres modernos deben de ser dinámicos. Depender de las amenazas y los gritos para que los hijos obedezcan generalmente no es efectivo, y, cuando llegan a serlo, el costo emocional para los hijos es demasiado alto. Simplemente no vale la pena ser un padre autoritario cuando ya se conocen nuevas herramientas que permiten a los padres ser más eficientes.

La disciplina con amor incluye estar alerta sobre todo de la buena conducta de los niños y reforzarla. Incluye poner consecuencias ante la mala conducta, pero sin enojarnos (sí se puede, nos podemos entrenar para ello). Incluye escuchar a los hijos, tratar de entenderlos y dialogar para que comprendan el por qué de las cosas. A veces la capacidad de juicio de los niños no está del todo madura, por lo que tendremos incluso que tomar decisiones que a ellos les desagrade por el simple hecho de que la capacidad de juicio del adulto puede ponderar mejor que ellos lo que les conviene.

Los papás modernos cuando toman decisiones contrarias a las que el niño quiere no lo hacen con sentimiento de culpa o enojados, sino con la seguridad de que es lo mejor para el niño. Son papás firmes, consistentes y amorosos que cuando toman decisiones contrarias a la que el niño quiere, están fundadas en el  amor por su hijo.

Es posible dejar atrás los sentimientos de culpa o de enojo tan desagradables al educar a los hijos cuando se estudia y se aprende más sobre la aplicación de la disciplina con amor.