Cinco habilidades paternas

Incontables son las habilidades que las madres poseen y sin tratar de que la siguiente lista sea exhaustiva, ni pretender que sean las únicas poseedoras, me dedico a destacar las siguientes cinco que en mi experiencia clínica me parecen las más destacadas en las madres que tienen los hijos más felices y emocionalmente sanos.

1.- Empatía. Es la habilidad de ponerse en los “zapatos” del otro como si fuera uno mismo. Al tener la mamá altamente desarrollada esta habilidad, el niño pronto se siente “conectado” a quien es su fuente principal de seguridad. Los niños se desarrollan más seguros cuando perciben que hay alguien cercano que le entiende y “siente” lo que él siente.

2.- Alta tolerancia a la frustración. “Bambi”, el venadito, requirió apenas de un minuto para ponerse de pie y caminar. El ser humano requiere alrededor de un año para hacerlo tambaleantemente, y, para ser independiente de sus padres, en estos tiempos se requieren unos 25 años o más. Hacer de un niño una persona que se valga por sí mismo es una tarea educativa larga, muy larga, que requiere una altísima dosis de paciencia debido al lento desarrollo (en cuanto a la independencia) de nuestra especie.

            3.- Dan y reciben amor. Abrazan, besan, juegan con su hijo todos los días. Les cuentan cuentos. Modelan como demostrar afecto a los demás integrantes de la familia, a otras personas, a los animales y al ser humano en general. Enseñan el amor a Dios y cuando son ateas, no se muestran prejuiciosas o críticas ante quienes son creyentes. Les dedican tiempo. Cuando trabajan fuera de casa los hijos son su prioridad y aprovechan al máximo el tiempo de convivencia.

            4.- Proveen “estructura” y consistencia. Ponen límites claros. Proveen una estructura que permite al niño saber lo que se le va a pedir o “lo que sigue”. Ponen límites sin gritar y los ponen guiándose por dos motivos: la seguridad del niño o porque le va a servir para ser aceptado y querido en la sociedad. Son consistentes en cuanto a aplicar consecuencias tanto para lo “negativo” como lo “positivo”. Refuerzan consistentemente el esfuerzo, más que los logros.

            5.- Educan permanentemente. Tratan de que las dificultades a las que se enfrenta su hijo sean una oportunidad de que aprenda algo. Están alertas de que sus niños aprendan habilidades intelectuales (como las que les enseñan en la escuela), habilidades emocionales (como controlar el enojo, el miedo, y a desarrollar emociones positivas como el optimismo y el altruismo y la gratitud) y habilidades sociales (que el niño aprenda a relacionarse con los demás para ser bien recibido y aceptado).